¿Piscina, playa o río? Cómo refrescar a tu perro de forma segura este verano
¿Piscina, playa o río?
Hay perros que, en cuanto ven el agua, no se lo piensan dos veces, otros prefieren quedarse en la orilla y mojarse solo las patas.
En el caso de Manchis no hay ninguna duda: si encuentra un sitio donde refrescarse, allí que va.
Durante el verano intentamos buscar lugares donde pueda disfrutar sin pasar calor, pero con el tiempo también hemos aprendido que no todos los sitios son iguales. Una playa, un río o un embalse pueden parecer perfectos para refrescarse, aunque cada uno tiene sus ventajas y también algunas precauciones que conviene conocer.
En este artículo quiero compartir las cosas que nosotros tenemos en cuenta antes de dejar que Manchis se dé un buen chapuzón.
La piscina: un pequeño chapuzón también cuenta
Nuestra experiencia con piscinas grandes es bastante limitada, la foto que ves aquí es de un día que estuvimos en casa de unos amigos y Manchis tuvo la oportunidad de disfrutar de una piscina de verdad, y, como puedes imaginar, no necesitó mucho tiempo para decidir que aquello le gustaba. 😂
En casa tenemos una piscina pequeña de las que se montan y desmontan, pero vivimos en un piso y no podemos llenarla demasiado, aun así, nos sirve para que Manchis pueda refrescarse y mojarse un poco durante los días de más calor.
Y creo que eso también es importante: no hace falta tener una piscina enorme para que un perro disfrute del agua, a veces basta con que pueda mojar las patas, tumbarse un rato o darse un pequeño chapuzón.
Eso sí, si utilizamos una piscina, aunque sea pequeña, siempre debemos estar pendientes de nuestro perro y asegurarnos de que pueda entrar y salir fácilmente, y, como con cualquier baño, mejor ofrecerle agua fresca para beber y no dejar que beba demasiado del agua de la piscina.
Al final, el tamaño de la piscina importa bastante menos que las ganas de refrescarse, y Manchis, en eso, no necesita demasiadas explicaciones.
La playa: diversión, pero con algunas precauciones
Si vais a disfrutar de un día de playa, lo primero es comprobar que se trata de una playa donde esté permitido el acceso con perros, durante el verano muchas playas restringen su presencia, así que merece la pena informarse antes de salir de casa.
Una vez allí, para nosotros hay tres cosas imprescindibles: una buena zona de sombra, agua fresca y tiempo para disfrutar sin prisas. Llevar agua es especialmente importante para evitar que beban agua del mar, es normal que quieran probarla alguna vez, pero no debemos permitir que beban grandes cantidades, ya que la sal puede provocar problemas digestivos e incluso llegar a ser peligrosa.
Otro detalle al que siempre prestamos atención es la arena, puede parecer una tontería, pero algunos perros tienen la costumbre de comerla mientras juegan. Bobo, por ejemplo, lo hacía constantemente y teníamos que estar muy pendientes para evitarlo.
En nuestro caso también solemos llevar crema solar para perros porque Manchis tiene zonas muy claritas y preferimos protegerlas cuando vamos a pasar varias horas al sol, y, por supuesto, nunca faltan algunos snacks naturales para que pueda relajarse un rato con una buena sesión de masticación a la sombra.
Cada perro vive la playa a su manera
Hay perros que ven el agua y se lanzan sin pensarlo dos veces, otros necesitan observar primero, acercarse poco a poco o incluso prefieren quedarse simplemente mojándose las patas.
Manchis disfruta muchísimo del agua, pero las olas todavía le imponen un poco de respeto, siempre le dejamos que sea él quien marque el ritmo, nunca le obligamos a entrar, porque creemos que la mejor forma de que disfrute es respetando sus tiempos.
Aprovecho también para hablar de algo que considero importante: los perros sueltos en la playa.
Personalmente me encanta ver perros disfrutando en libertad cuando el lugar lo permite y sus familias tienen un buen control sobre ellos, sin embargo, también creo que debemos pensar en los demás perros.
Manchis es un perro que necesita espacio cuando conoce a otro, no porque sea agresivo, sino porque le cuesta un poco procesar las situaciones nuevas y prefiere acercarse a su ritmo. Como él, hay muchos perros que pueden tener miedo, ser inseguros o simplemente necesitar unos segundos antes de interactuar.
Por eso, si llevamos a nuestro perro suelto, creo que merece la pena estar atentos y respetar el espacio de los demás, un pequeño gesto puede hacer que todos disfruten mucho más del día.
Antes de volver a casa
Cuando terminamos el día de playa siempre hacemos una pequeña revisión.
Comprobamos que no tenga arena entre las almohadillas, revisamos los ojos y las orejas y, al llegar a casa, le damos una buena ducha con agua dulce.
Eliminar la sal y la arena ayuda a prevenir irritaciones en la piel, pequeñas heridas producidas por el roce, sequedad en las almohadillas y posibles molestias en los oídos. Además, si queda humedad dentro de las orejas durante mucho tiempo, puede favorecer la aparición de otitis u otros problemas.
Son gestos muy sencillos que apenas llevan unos minutos y que ayudan a que un día de playa termine igual de bien que empezó.
Río
Nosotros solemos subir a la sierra porque allí encontramos zonas donde el agua está mucho más tranquila y tenemos diferentes opciones para disfrutar con Manchis. Hay lugares donde el río cubre menos, zonas más estrechas o más anchas e incluso alguna pequeña cascada.
Lo bonito es que cada perro tiene sus preferencias, si te fijas en él, enseguida te irá mostrando qué zonas le gustan más, dónde se siente cómodo y hasta dónde quiere meterse en el agua.
No todos los ríos son iguales
Donde vivimos también tenemos un río y algunas charcas, pero nosotros preferimos no bañarnos allí con Manchis. El motivo principal es la corriente: el río lleva bastante fuerza y, además, ha habido varios casos de ahogamientos, tanto de personas como de perros.
Con las charcas ocurre algo diferente, no son formaciones naturales, sino antiguas zonas creadas por una cantera, por lo que su estructura es bastante particular y existen túneles subterráneos que se comunican entre sí.
A veces vemos vídeos de personas que descubren estos lugares y dicen algo parecido a: "¡Mirad qué sitio tan bonito! ¡Podéis venir con los perros a bañaros!".
Y precisamente por eso creo que es importante contar nuestra experiencia: que un lugar sea bonito no significa necesariamente que sea seguro.
En nuestra zona, además, las lluvias y la apertura de las compuertas del embalse han cambiado muchísimo algunos caminos y zonas cercanas al río. El agua puede modificar el terreno y hacer que lugares que conocíamos de una determinada manera ya no sean iguales.
Por eso nosotros preferimos no correr riesgos y buscamos otros lugares que conocemos y donde podemos disfrutar con más tranquilidad.
Nuestro plan perfecto
Para nosotros, un día de verano en la sierra no necesita mucho más.
Encontramos una zona tranquila donde Manchis pueda bañarse, descansamos un rato a la sombra, comemos algo, volvemos a movernos un poco, nos damos otro chapuzón y, cuando ya estamos cansados, emprendemos el camino de vuelta a casa.
Y ahí está lo bonito.
No se trata de hacer una ruta enorme ni de pasar todo el día dentro del agua, a veces basta con encontrar un lugar bonito, sentarnos juntos, dejar que nuestro perro explore y disfrutar de unas horas diferentes.
Volvemos a casa cansados, con Manchis feliz y con el corazón lleno de una pequeña gran aventura.
Y, además, con unas vistas increíbles de nuestra sierra madrileña. 🐾🌿
Embalses y pantanos
Los embalses y pantanos también pueden ser una opción estupenda para disfrutar de un día de verano con tu perro, pero antes de preparar la mochila hay algo que conviene comprobar: si el baño está permitido y si la zona admite perros.
Una vez allí, nos gusta buscar un lugar tranquilo, donde podamos estar cómodos y respetar también el espacio de los demás. Como ya hemos contado, Manchis necesita su tiempo cuando hay otros perros cerca, así que para nosotros encontrar un sitio donde pueda relajarse sin sentirse invadido es muy importante.
Y, como siempre, dejamos que sea él quien decida si quiere entrar en el agua, podemos meternos nosotros, animarle y enseñarle que no pasa nada, pero nunca obligarle, hay perros que se lanzan al agua en cuanto tienen oportunidad y otros que necesitan un poco más de tiempo para decidirse.
¿Y si quieres entrar con tu perro en paddle surf?
Esta es una experiencia que nosotros todavía tenemos pendiente y que nos hace muchísima ilusión probar algún día.
Si decides hacerlo, hay que valorar bien las condiciones del lugar, la profundidad, el estado del agua y, sobre todo, si tu perro se siente cómodo sobre la tabla. También puede ser interesante valorar el uso de un chaleco salvavidas específico para perros, especialmente si vais a estar en aguas profundas.
Al final, cada perro es diferente y cada experiencia también, lo importante es disfrutar juntos, pero siempre priorizando la seguridad.
Antes de dejarle entrar, miramos el entorno
No podemos controlar todo lo que hay en un río, una playa o un embalse, pero sí podemos dedicar unos segundos a observar dónde vamos a dejar que nuestro perro se meta.
Antes de entrar, nosotros solemos fijarnos en:
- La corriente: especialmente en ríos. Si vemos que el agua lleva demasiada fuerza, buscamos otra zona.
- El agua: si tiene un aspecto extraño, hay demasiada espuma, restos o acumulaciones que no nos convencen, preferimos no entrar.
- La orilla: miramos dónde va a pisar. Cristales, anzuelos, latas, plásticos o cualquier otro objeto pueden estar escondidos entre la arena, las piedras o la vegetación.
- Algas y plantas: si hay una acumulación importante o no conocemos la zona, mejor mantener la distancia.
- La temperatura: tanto el calor exterior como la temperatura del agua pueden influir en cómo se encuentra nuestro perro.
- El propio perro: quizá esta sea la señal más importante. Si duda, se queda atrás, intenta salir o simplemente no parece cómodo, no insistimos.
Y en la playa hay que tener algo más de cuidado todavía, muchas veces no podemos ver qué hay bajo el agua, así que mientras Manchis disfruta, nosotros también estamos pendientes de dónde pisa, qué intenta coger y qué se lleva a la boca.
No se trata de estar todo el día diciendo "¡no toques eso!", sino de conocer el entorno y estar atentos.
Porque al final, nosotros también queremos disfrutar del día, y si estamos pendientes de todo lo que hace nuestro perro, pero sin agobiarle, podemos dejarle explorar y disfrutar con bastante más tranquilidad.
Después del baño, cada agua tiene sus cuidados
No hacemos exactamente lo mismo cuando volvemos de la playa que cuando hemos estado en un río o en un embalse.
Si hemos estado en el mar, al llegar a casa le damos una ducha con agua dulce para eliminar la sal y la arena. Es algo que para nosotros forma parte del ritual de volver de la playa.
En cambio, si hemos estado en un río o en un embalse de agua dulce y llegamos tarde a casa, no siempre lo bañamos en ese momento, si lo hemos revisado bien y está limpio, podemos esperar hasta el día siguiente para darle un baño.
Lo que sí hacemos siempre, independientemente del lugar, es echarle un vistazo rápido antes de volver a casa: patas, almohadillas, orejas, ojos y pelo, así podemos comprobar que no lleva arena, pequeñas piedras, restos de plantas o cualquier cosa que se haya podido quedar enganchada durante el baño.
También llevamos siempre agua fresca para que pueda beber durante el paseo, Aunque encontremos una fuente o algún lugar donde pueda beber.
Y, como los días de verano también son para disfrutar, solemos llevar algo de comida y algunos snacks para hacer una pausa, descansar y reponer fuerzas.
No hace falta hacer nada complicado, unos minutos de atención después del baño y un poco de sentido común pueden marcar la diferencia para que la aventura termine tan bien como empezó.
Al final, se trata de disfrutar juntos
Después de todo lo que hemos aprendido sobre el agua, hay algo que para nosotros sigue siendo lo más importante: disfrutar del momento.
Porque quizá esa sea una de las cosas que más hemos aprendido conviviendo con un perro: no siempre tenemos que llenar el día de actividades, a veces basta con encontrar un sitio bonito, sentarnos juntos y dejar que disfrute a su manera.
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