Cómo pasear a tu perro en verano sin poner en riesgo su salud


Nuestro verano empieza muy temprano



Cuando llega el verano, nuestras rutinas cambian por completo, las altas temperaturas obligan a adaptar los horarios, los paseos e incluso la forma en la que disfrutamos del tiempo con nuestros perros, hoy quiero compartir nuestra experiencia por si también puede ayudarte a ti.


En casa, el paseo importante lo hacemos muy temprano, somos de los que ponen el despertador para salir sobre las seis de la mañana, cuando todavía hace fresco y las calles, normalmente, están prácticamente vacías. Es el momento en el que Manchis más disfruta, puede olisquear con calma, explorar, correr un poco y, sobre todo, elegir el camino, casi siempre es él quien decide por dónde quiere ir y, como aún no hace tanto calor, todo resulta mucho más agradable para los dos.

Durante mucho tiempo pensé que un buen paseo consistía en caminar muchos kilómetros, con el tiempo, y también gracias a personas que saben mucho más que yo sobre comportamiento canino, descubrí que no siempre es así. A veces, uno de los mejores momentos del paseo llega cuando dejamos de caminar, nos sentamos en un banco, sin prisas, simplemente a observar. Mientras yo disfruto de la tranquilidad de la mañana, Manchis se dedica a hacer lo que mejor saben hacer los perros: mirar, olfatear el aire, escuchar los sonidos del entorno y procesar toda la información que recibe.

Ese momento de calma también les ayuda a bajar revoluciones antes de continuar el paseo. Puede parecer que no está haciendo nada, pero en realidad está trabajando muchísimo con su olfato y con todos sus sentidos.

Ese rato también forma parte del paseo y es una forma de enriquecimiento ambiental que muchas veces pasamos por alto.

Desde que entendí esto, dejé de medir la calidad de un paseo por los kilómetros recorridos. Ahora valoro mucho más que ambos disfrutemos del momento y que él pueda explorar el mundo a su ritmo.


Cuando el suelo quema, protegemos sus patas

No soy una experta, simplemente comparto lo que hacemos nosotros y lo que nos funciona con Manchis.

Durante el verano hay días en los que el asfalto o las aceras alcanzan temperaturas muy altas. En esas situaciones utilizamos unas botas para proteger sus almohadillas. Las mismas que usamos en verano también nos sirven cuando vamos a la nieve, así que les damos uso durante todo el año.

Sé que hay personas que piensan que poner botas a un perro es una exageración. Yo también lo he escuchado muchas veces. Pero siempre hago la misma reflexión: si nosotros no seríamos capaces de caminar descalzos sobre ese suelo, ¿por qué un perro sí debería hacerlo?

Hace años me pasó algo parecido en la playa. Tuve que cruzar un buen tramo de arena descalza bajo un sol de justicia y terminé con los pies completamente abrasados. Desde entonces soy mucho más consciente de lo que puede llegar a quemar el suelo en verano.

No digo que todos los perros necesiten llevar botas, porque dependerá del lugar, la temperatura y del tiempo que vayan a caminar. Pero sí creo que merece la pena tener esta opción en cuenta y, sobre todo, evitar las horas de más calor siempre que sea posible.


El agua cambia completamente el paseo

Si hay algo que a Manchis le gusta incluso más que pasear durante el verano, es el agua.

Siempre que podemos buscamos zonas donde pueda refrescarse con seguridad, en nuestro caso tenemos un río cerca, pero la corriente es muy fuerte y preferimos no correr riesgos. En cambio, cuando subimos a la sierra encontramos lugares mucho más tranquilos donde puede disfrutar del agua sin peligro.

Además, en todos nuestros paseos llevamos agua para que pueda beber cuando la necesite. También solemos aprovechar las fuentes que encontramos por el camino, a Manchis le encanta beber directamente del chorro y, si la fuente tiene un adaptador para perros, todavía mejor, porque acaba metiendo media cabeza dentro del agua.

Hay días en los que el paseo gira completamente alrededor de esos pequeños momentos para refrescarse. No hace falta caminar muchos kilómetros para que disfrute. Un rato en el agua, una pausa para beber y un poco de sombra pueden convertir un paseo sencillo en uno de sus favoritos.

Y, si soy sincera, no sé quién disfruta más de esos momentos: si Manchis chapoteando feliz o yo viéndolo disfrutar como un cachorro.



El chaleco refrescante: una ayuda que sí hemos notado

En nuestro caso, el chaleco refrescante ha marcado una diferencia importante durante el verano, Manchis lleva bastante mal el calor y, desde que empezamos a utilizarlo, hemos notado que los paseos de última hora de la tarde los lleva mucho mejor.

El funcionamiento es muy sencillo: se moja con agua y, al evaporarse poco a poco, ayuda a mantener el cuerpo más fresco. Nosotros también lo utilizamos en casa durante los días de más calor, lo humedecemos y se lo ponemos mientras descansa con el ventilador cerca, no hace milagros, pero sí hemos notado que está mucho más cómodo y tranquilo.


Dejar que el perro decida

Hay días en los que Manchis me deja muy claro que no quiere hacer un paseo largo, da una vuelta, hace sus necesidades y enseguida quiere volver a casa.

Antes intentaba alargar un poco más el paseo porque pensaba que necesitaba caminar más, ahora simplemente le escucho.

Cada perro conoce mejor que nadie sus propios límites y, cuando hace mucho calor, creo que también es importante respetar sus tiempos y entender que no todos los días tienen la misma energía.


No todos los perros llevan igual el calor

Igual que ocurre con las personas, no todos los perros soportan las altas temperaturas de la misma manera.

Hay perros que parecen llevar el verano bastante bien y otros que lo pasan realmente mal. Las razas braquicéfalas, los perros mayores, los cachorros o aquellos que tienen sobrepeso suelen ser mucho más sensibles al calor.

Por eso creo que no existen normas iguales para todos, lo importante es observar a nuestro perro, conocer cómo responde y adaptar los paseos a sus necesidades, al final, ellos mismos nos dan muchas pistas si aprendemos a escucharlos.


En resumen

Al final, pasear en verano no consiste en hacer más o menos kilómetros, consiste en adaptarnos a nuestro perro: madrugar un poco más, buscar sombra, llevar siempre agua, respetar sus tiempos y entender que, a veces, un paseo tranquilo o compartir unos minutos sentados en un banco puede ser mucho más valioso que recorrer cinco kilómetros bajo el sol.



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